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#Análisis: Venezuela abre una oportunidad para el dialogo

Después de meses de esfuerzos en el plano internacional para lograr el dialogo entre  el gobierno de Venezuela y la oposición abre una estrecha ventana para el inicio de conversaciones entre ambas partes. La Mesa de la Unidad Democrática  anunció el pasado 7 de julio que asistiría a una reunión inicial con el gobierno de Nicolás Maduro bajo dos condiciones: que la administración del PSUV esté de acuerdo en celebrar el referendo revocatorio  este año y que el Vaticano, junto con una delegación de la organización de los Estados Americanos, sirvan como mediadores  en las conversaciones. Por su parte, El ex primer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero (parte de la coalición que aboga por las conversaciones, que también incluye a los gobiernos de Estados Unidos y la República Dominicana y el Vaticano) llegó a Venezuela el pasado 8 de julio, presumiblemente para celebrar el inminente dialogo entre el gobierno y la oposición que podría darse a mediados de esta semana.

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El deterioro económico de Venezuela es una preocupación de primer orden para los mediadores extranjeros que promueven las conversaciones. Con menos de $ 12 mil millones en reservas de divisas y la reducción de los ingresos de la empresa de energía estatal Petróleos de Venezuela por causa de la caída del mercado petrolero, el gobierno venezolano podría incumplir sus próximos compromisos de pagos de deuda, previstos para  octubre y noviembre. En este sentido,  un posible default probablemente reducirá la producción ya en disminución de PDVSA, lo que, a su vez, perjudicará la capacidad del gobierno para sostener las importaciones de alimentos y artículos de primera necesidad ya escasos de por sí. La alta inflación aumentaría aún más el descontento de la población. Bajo este contexto, algunos expertos como la firma estadounidense Stratfor considera que “Venezuela podría ser cada vez más difícil de gobernar, aumentando las preocupaciones de los países vecinos y los Estados Unidos motivado al aumento del descontento social  o la amenaza cada vez más creciente  de un golpe de estado”.

Dada la creciente amenaza de la calamidad, las instituciones venezolanas y extranjeras presionan para un diálogo que  probablemente tendrán una mejor oportunidad de mejorar la situación en el país que las conversaciones que se hicieron en 2014. A diferencia  de 2014, las de 2016 muestra como el PSUV se enfrenta  a una crisis existencial y una sustantiva pérdida de popularidad social que  se ha desplomado en medio de empeoramiento de las condiciones socioeconómicas del país. En 2015, los resultados de las elecciones legislativas revelaron una insatisfacción generalizada con el gobierno de Maduro, y después de años de dificultades económicas, las elecciones presidenciales de 2019 podrían generar una nueva derrota aplastante.

Además, el partido se ha dividido en facciones rivales. Al menos un grupo, representado públicamente por el ex ministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres y  el general retirado Cliver Alcalá. Este grupo sostiene que Maduro debe permitir un referéndum revocatorio para calmar el descontento social y buscar una solución a la crisis, opción que el presidente y sus seguidores han rechazado. Esta pequeña facción de disidentes del PSUV, sólo es una muestra de lo que puede suceder en todo el partido sí la crisis sigue avanzando.  Un declive económico prolongado exacerbaría las divisiones en el partido en el poder, alimentando la discordia interna que eventualmente podría precipitar su desintegración en las entidades políticas concurrentes. Stratfor, 2016.

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No obstante, a pesar de la creciente crisis, el gobierno de Maduro se ha aferrado al poder y evadido los desafíos que viene desde la oposición. La resistencia de la administración se debe en parte a la preocupación entre la élite política y militar sobre dejar el poder a través de un acuerdo negociado con la oposición o por medio de un referéndum. En el caso de ocurrir esto, algunos funcionarios podrían estar sujetos a un proceso penal por su presunta participación en el tráfico de cocaína, mientras que para otros puede ser el final de su vida política en  Venezuela. Entre los personajes que se vería afectado por un escenario como éste, se encuentra el ex Comandante de la Guardia Nacional el general Néstor Reverol,  quien se encuentra bajo la lupa de los  Estados Unidos y las autoridades judiciales por tráfico de drogas. Reverol se cree que es un aliado político del gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami, y se rumorea que este par, son unos  de los  políticos que más se oponen a un referéndum. La eliminación de la ONA, sin embargo, sugiere que Reverol y El Aissami han perdido algo de influencia en el gobierno.

A pesar de que la situación en Venezuela es cada vez más grave, la posibilidad de un dialogo con la oposición no sería de interés principal para el gobierno. La posibilidad cada vez mayor de caer en  default y el ya consistente  riesgo de alta inflación, escasez e inseguridad,  hace que el gobierno pueda seguir oponiendo resistencia a las negociaciones y, de hecho, cercenar todo tipo de convivencia política con la oposición. Si el gobierno y la oposición no pueden participar en conversaciones para cimentar una transición política o incluso para mejorar la gobernabilidad en Venezuela, las relaciones políticas del país con Estados Unidos y sus aliados internacionales es probable que padezcan. El deterioro de las relaciones con Washington, a su vez, podría limitar el acceso de Caracas a la asistencia financiera de emergencia desde el exterior en caso de incumplimiento de sus compromisos de pago.

https://www.stratfor.com/analysis/window-negotiations-opens

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